DESPOJOS VIVOS

Hace unos días un grupito de nostálgicos cuarenta-cincuentones acudíamos de nuevo a una cena más o menos ritual celebrada una o dos veces al año. Eramos los despojos vivos de lo que fue la más potente asociación de cinastas que ha tenido Zaragoza desde la invención del kinetoscopio: Cineceta.
Como suele ocurrir con los vapores etílicos de la sobremesa, uno de sus miembros, el único que ha permitido que el veneno de la imagen dicte su quehacer profesional, José Angel Alegre, nos propuso a los allí presentes que recogieramos retazos de memoria, fotos amarillentas y películas corroidas por el abandono de lo que fue el efímero explendor de tan variopinto cenáculo.
En lo que a mi respecta, lamento no poder aportar gran cosa. Por lo que se refiere a material gráfico no conservo mas que un par de fotos de rodaje (una encabeza esta columna), y en cuanto a las rememoranzas, los diez años que permanecí en sus filas bailan en mi memoria en un totum revolotum de sensaciones más que de recuerdos concretos: las reuniones inacabables en Zumalacárregui, 42 a horas intempestivas, la exposición de proyectos y la jodida financiación, los chistes, las bromas, la elección de fecha para una cena, la risa fácil de quien aún va ligero de equipaje… todo eso me queda. Y algo más. Me uní a Cineceta porque me había comprado un tomavistas de super 8 y tenía un par de ideas para filmar sin otra pretensión que la del puro divertimento, pero en Zumalacárregui 42, flotaban las miasmas de una terrible enfermedad cuyos síntomas eran la compulsión a coger una cámara y ponerla a trabajar. En mi caso, la enfermedad tuvo fatales consecuencias, ya que, descontento como estaba de mi trabajo fijo, y enardecido por los gritos de ¡que le den por culo a todo! que resonaban en mi mente, di la patada de Charlot a mi jefe, quemé mis naves y me metí de cabeza en el umbroso pozo del realizador por cuenta propia, desastre del que aún no me he recuperado.
Jodido pero contento, hoy el cine queda lejos, pero los amigos de Cineceta siguén ahí, y mientras esto suceda, la dorada juventud no se marchará del todo. No puedo aportar gran cosa como ves, José Angel, sólo mi experiencia vital. Espero que te sirva de algo. 

Javi

2 comentarios:

Territorio Deseo dijo...

Ni el tiempo, ni el espacio, ni el tiempo que pasó, ni el que queda por andar. Nada de lo que se hace queda invisible. Y menos todavía, las cosas que se hacen con todas las ganas.
Lo tuyo fue una de las apuestas más valientes que alguien hizo en aquella época. Quizás, como te he dicho alguna vez, no fue el momento, ni el tiempo, ni la forma. No lo se. Sólo se que me diste envidia. Mientras yo, malmoría espiritualmente con mis oposiciones de funcionario.
Años después, tu eres el funcionario y yo, el autónomo.
Y en un momento de mi vida en que tengo la inexorable necesidad de redibujar mi camino, te digo que en tus silencios, en tus agudezas, en tus surrealismos, en tus realismos, en tus miedos y en tus valentías se ha escondido el recuerdo y el valor constante de alquien que lo intentó con todas sus ganas.
No había red. Como no suele haberla en la vida.
Pero nadie murió.
Volveremos. Con cine o sin cine. Sin cine pero con cena. Y beberemos y viviremos.
Y tendremos una segunda y tercera juventud. Que nos la hemos ganado.
PD: En Cineceta había de todo, como en botica, como en la vida misma. Quizás ese fue el éxito o quién sabe si su fracaso.
Pero a todos nos gustaba el cine. Quizás por eso había tantos integrantes con los ojos saltones. Echad un vistazo y lo comprobaréis. Ojos al dato.

Territorio Deseo dijo...

El arriba firmante soy yo, José Ángel.

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